Bruja

La escultura de Néstor Basterretxea que nos ocupa resulta una obra de gran verticalidad, con sentido ascendente, ejecutada con formas sencillas, esquemáticas y que recuerda, a un tótem de antiguas civilizaciones o a un enigmático rostro. La parte superior de la figura parece conformar un rostro, evidentemente dentro de una estética abstracta y se alza, majestuosa y solemne, sobre una peana de hormigón.

Artista profundamente investigador, Basterretxea siempre ha perseguido un lenguaje de vanguardia, guiado por la voluntad de experimentación y de investigación plástica. Este artista ha trabajado como nadie los mitos y leyendas de su pueblo, en sus propias raíces prehistóricas. Ejemplo de ello son sus conocidas «Estelas», inspiradas en las antiguas estelas discoideas mortuorias de la zona. Ha sido capaz de tomar los símbolos originarios de la Cultura del País Vasco, reinterpretando sus leyendas y mitos dentro de un arte profundamente actual. La obra de la Ciudadela parece seguir esos mismos parámetros, y alude a las viejas brujas que, según las leyendas, poblaban las montañas en otros tiempos. A partir de los años setenta, la producción escultórica de Basterretxea evoluciona hacia un expresionismo abstracto, llenándose sus esculturas de referencias de la mitología y creencias populares del acervo cultural del pueblo vasco, como queda de manifiesto en la serie Cosmogónica Vasca.

Esta escultura formó parte de una exposición de obras de Néstor Basterretxea en la Sala de Armas de la Ciudadela, dentro de los denominados Encuentros sobre Brujología y Ciencias Parasicológicas de Pamplona, en Noviembre de 1986. En dichos encuentros, además de coloquios, charlas y demás actos, se celebraron exposiciones con los célebres grabados de Goya, y sobre Pintores de Pamplona y Brujería, con obras de Mariano Sinués, Antonio Eslava, Bartolozzi y Pedro Lozano de Sotés. La escultura «Bruja», de Basterretxea fue adquirida posteriormente, por el Ayuntamiento de Pamplona, por cinco millones de pesetas.

José María Muruzábal