Retrato de un gudari llamado Odiseo

Esta escultura de Jorge Oteiza es una de sus célebres cajas vacías. Supone la segunda fase, y el complemento, de otra pieza similar existente en el Museo de San Telmo de San Sebastián. Su tamaño es considerablemente mayor de lo que manejaba hasta entonces el escultor. La obra pesa unos 1.500 kg y está concebida como un homenaje al guerrero vasco Odiseo. Es cierto que Odiseo fue geográficamente griego pero Oteiza lo identifica como el espíritu del cazador protohistórico vasco, con un guerrero vasco. Estamos ante una obra escultórica abstracta, de enorme carga simbólica para el escultor. Está compuesta por una serie de planchas de acero, en negro, que se van ordenando en ángulo recto, dejando espacios internos vacíos. Unas planchas están cerradas, opacas, mientras otras aparecen abiertas, con oquedades, de manera que permiten contemplar el interior de la obra. La pieza refleja la preocupación del autor durante toda su existencia, la desocupación del espacio, el significado del vacío.

Oteiza definía estas cajas vacías como impresionantes espacios cerrados, prismas rectos, vacíos geométricamente rectos, intemporales, trampas-laberintos. El autor inicia la investigación plástica en esta línea hacia 1957. En Sao Paulo presenta una serie de Construcciones Vacías en chapa de hierro. Los títulos de las obras dan idea del planteamiento teórico de Oteiza; desocupación activa del espacio, construcción vacía, vacíos en cadena, etc. Estas cajas vacías consisten en cubos vacíos que presentan variantes que derivan de las aberturas de los planos en la chapa de hierro. En las articulaciones más sencillas, con la unión de dos triedros, dan origen a las cajas metafísicas. Con todo ello, es en torno a 1958-1959, cuando Oteiza cierra su proceso experimental de desocupación del espacio.

El ‘Odiseo’ se ejecutó en 1975, tomando como referencia unas piezas anteriores, que serían Conclusión experimental 3 y Homenaje a Mallarme con desarrollo de pedestal, de 1958. La obra de la Ciudadela se instaló el 23 el Octubre de 1992, siendo además la primera escultura pública de Oteiza instalada en Pamplona. Originariamente, la obra se iba a instalar en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid. Pero se instaló en En el Museo de Navarra en 1991 para ser trasladada al año siguiente, a su ubicación actual en la Ciudadela de Pamplona, tras haber sido expuesta en el pabellón de Navarra durante la Exposición Universal de Sevilla de 1992. La pieza original, en tamaño reducido, se conserva actualmente en el Museo Fundación Jorge Oteiza de Azuza.

José María Muruzabal