Monumento a Pablo Sarasate

La estatua en bronce muestra a Pablo Sarasate en pie, de cuerpo entero. El violinista pamplonés aparece representado en edad intermedia coincidiendo con la plenitud de su carrera, con su característico bigote y abundante cabellera que casi le cubre las cejas; sujeta con su mano izquierda el violín, en tanto que porta en la derecha el arco que apoya en el suelo. La imagen se inscribe en una estructura arquitectónica de piedra de la que forman parte tres columnas y un bloque compacto que acoge en su reverso un altorrelieve inciso con dos figuras alegóricas. El granadino Eduardo Carretero, autor del monumento, es un artista que, practica todas las gamas de su oficio, abordando también la arquitectura y la pintura. Ninguna técnica ni material resultan ajenos a su producción, en la que emplea un lenguaje figurativo entendido a la manera tradicional. El 5 de julio de 1950, en el transcurso de la ceremonia de inauguración del monumento a Julián Gayarre en los jardines de la Taconera, el alcalde de Pamplona Miguel Gortari anunciaba la sustitución del monumento levantado en honor a Pablo Sarasate en 1918. En 1952 el escultor navarro Áureo Rebolé concibió un proyecto con una altura superior a los once metros. Sin embargo esta idea no progresó. Pero si que fue creada una Comisión Pro-Monumento presidida por José Moreno Luzuriaga y con presidencia honoraria de Félix Huarte, encargada de recaudar fondos mediante suscripción popular, a la que contribuyó generosamente el Consistorio de la ciudad. El autor del proyecto fue el arquitecto Cándido Ayestarán, en tanto que su ejecución corrió a cargo de la empresa Huarte y Cía. La estatua en bronce del violinista pamplonés y los relieves alegóricos de la parte posterior del monumento se deben al escultor granadino Eduardo Carretero, muy vinculado por aquel entonces a la capital navarra a través de la figura de Félix Huarte.

José Javier Azanza López